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Entender el Brexit: Todas las claves

By August 2, 2018 No Comments

Entender el Brexit: Todas las claves

El Brexit es, y va a seguir siendo, uno de los mayores desafíos a los que se enfrenten los europeos en las próximas décadas. No sólo hay que encontrar un nuevo encaje para una economía tan dinámica e integrada en Europa como es el Reino Unido (primer inversor extranjero en España), sino también un arreglo para todas las personas que visitan, viven y trabajan en este país.

Sin embargo, el Brexit se caracteriza por una compleja escala de grises, muchos tecnicismos y aún más sutilezas léxicas. Para entender este lío y despejar clichés, quien aspire a trabajar o estudiar en Reino Unido debe realizarse las siguientes preguntas:

¿Qué es el Brexit?

Lo básico: Brexit es un juego de palabras entre Britain+Exit.

Tras un histórico referendum el pasado 26 de junio de 2016, los ciudadanos del Reino Unido, por mayoría de un 52% contra un 48%, decidieron abandonar la Unión Europea.

En principio, y a la espera de acordar una relación post-Brexit entre el Reino Unido y la Unión Europea,

¿Cuándo se marcha Reino Unio de la Unión Europea?

La cuenta atrás para la marcha definitiva de Londres empezó el 29 de marzo de 2017. Theresa May formalizó entonces su deseo de acogerse al artículo 50 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que recoge las pautas para la retirada de un miembro de la Unión.

En principio, transcurridos dos años tras esa fecha (el 29 de marzo de 2019), el Reino Unido habrá dejado de ser miembro de la UE. No obstante, en virtud del acuerdo preliminar alcanzado en marzo de 2018, la ley europea seguirá vigente en Reino Unido hasta el 31 de diciembre de 2020.

Además, aún se está negociando un periodo de gracia o prórroga en áreas clave que permita una más cómoda transición.

¿Alguna manera sencilla de entender este lío?

La conocida como metáfora de la taza de té, que además de muy apropiada culturalmente, resume el problema de la siguiente forma:

Nuestro amigo nos hace una taza de té y nos pregunta, transcurridos unos minutos, si deja la bolsita de té dentro o la saca fuera. Gran dilema.

Si la bolsita queda dentro de la taza, el té se vuelve mucho más fuerte pero la bolsita pierde fuerza. Sin embargo, la bolsita es ahora parte de un té mucho más robusto.

Si sacamos la bolsita fuera, la taza de té nos queda insípida y débil, y la bolsita va directamente a la basura. En todo caso, hay que empezar desde cero.

Esta metáfora, obra del humorista James Acaster, quiere reflejar la pregunta, y consecuencias inmediatas, del referendum de 2016: ¿dentro o fuera?

¿Por qué ocurrió el Brexit?

Racismo, xenofobia, ’eurofobia’… Aunque éstas son algunas de los términos más utilizados para describir, si no caricaturizar, a los votantes del Brexit (los llamados ‘brexiteers’), lo cierto es que la realidad es mucho más compleja.

Xenofobia

Cierto es que gran parte de la campaña política durante el referendum fue dominada por el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) y su retórica xenófoba.

A pesar de de la visibilidad de este mensaje, y el lamentable aumento de actos violentos contra inmigrantes y minorías tras el referéndum, ésta no es sino la manifestación de otra realidad: el particular impacto de la globalización y la integración europea sobre el Reino Unido.

Sin abrir un extenso debate sobre la inmigración en Reino Unido, conviene sopesar lo siguiente. La tasa de población extranjera y proveniente de otros países comunitarios en el Reino Unido se sitúa entre las más altas de la UE (13%), si bien la tasa alemana es superior (19%) (fuente: National Office for Statistics, Eurostat).

A diferencia de Alemania, sin embargo, el Reino Unido presenta una historia migratoria muy diferente a la alemana, tanto cuantitativa como cualitativamente (por países de procedencia).

Inmigración y clase media en Reino Unido

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, y durante la misma, Reino Unido fue destino de un gran número de refugiados de guerra, acogiendo de manera masiva a millones de nuevos habitantes provenientes de sus antiguas posesiones coloniales.

En los últimos tiempos, la libertad de movimiento propugnada por la UE ha tenido una incidencia particular sobre este país, destino de una significativa parte de los flujos migratorios intra-UE.

Esto ha supuesto que mientras países del sur y este europeos veían a sus generaciones mejor preparadas mudarse en plena ‘fuga de cerebros’, el Reino Unido se beneficiaba de esta mano de obra cualificada gratis -la cual necesitaba encarecidamente para sus sistemas de salud y financiero, entre otros.

El otro lado de la moneda es el aumento de la competencia en sectores donde la mano de obra ya abundaba (construcción, agricultura, empleos de baja formación, etc). En consecuencia, los fragmentos más débiles de la población han sufrido una caída significativa de sus salarios y competitividad.

Esto último viene ilustrado de manera gráfica por la llamada ‘curva del elefante’ (imagen 1), del economista Branko Milanovic, experto en desigualdad económica y social. De manera simple, para todos los países más desarrollados (desde EEUU a Reino Unido, y pasando por España), décadas de avances económicos sustanciales no han supuesto sino un completo estancamiento para las clases medias y medias bajas.

La promesa de que la globalización, la liberalización comercial o la integración europea haría mejorar el nivel de vida de todos, ha resultado ser falsa. Los avances han beneficiado a casi todo el planeta, pero no a ellos. El Brexit es, sin duda, una reacción contra este fenómeno.

Imagen 1: ‘Curva del elefante’: crecimiento de ingresos reales acumulados en perspectiva global.

Branko Milanovice Global Inequality Elephant Curve

Source: The American Prospect, using data provided by Branko Milanovic

Por último, por cuanto respecta a la inmigración, es preciso señalar el papel que factores culturales han podido jugar en el referendum. Todo el mundo habla inglés, literalmente. Cada rincón del planeta se ha vuelto accesible a aquellos con un mínimo conocimiento de la lengua shakesperiana. Esto hace de los angloparlantes individuos especialmente globales, con una capacidad sin par de mudarse a cualquier parte de la tierra y poder ser entendidos, contratados o formar parte de acuerdos y negocios.

Sin embargo, la pequeña isla que es el Reino Unido en comparación no puede reciprocar en esta apertura. Los datos de inmigración expuestos con anterioridad dan fe de ello. El patente cambio social y cultural del país en unas décadas ha llevado a muchos a pensar que, quizás, el referendum no se trataba de economía al fin y al cabo, sino de identidad.

Historia

Otro segundo argumento para entender el voto del Brexit, o de contextualizarlo, al menos, requiere de un análisis de la historia reciente británica, y su percepción popular. En lo referente a Europa, ¿podemos decir que los británicos son euroescépticos?

La visión del continente europeo de todos, o casi todos, los británicos está fuertemente condicionada por la experiencia colectiva que supuso la Segunda Guerra Mundial y la posguerra. A diferencia del resto de europeos, los británicos salieron victoriosos del conflicto,  y los alemanes no llegaron a invadirles. Éste es un dato significativo a tener en cuenta, pues modifica la psique colectiva y la percepción de identidad nacional.

Churchill

Churchill, uno de los grandes iconos británicos en la Segunda Guerra Mundial

Los británicos, al final de la guerra, habían conseguido defender aquello que se habían propuesto proteger, como diría Churchill, con ‘sangre, sudor y lágrimas’: su libertad y sus instituciones. Instituciones, recordemos, de varios siglos de historia y trayectoria ininterrumpida.

Una parte considerable de la sociedad británica, especialmente las generaciones más vetustas y aquellos que sufrieron la posguerra, considera haberse ‘ganado’ su libertad, además de haber salvado Europa y los valores europeos en el proceso. Los motivos para ceder esta soberanía y libertad a una institución transnacional -pues la integración europea requiere de ello- han sido siempre diferentes a los de los alemanes o franceses, que buscaban desde el principio reconciliación e instituciones compartidas.

Sin embargo, la cuadratura del círculo es compleja aquí. Muchas de estas generaciones mayores aprecian también la estabilidad y bienestar que Europa ha ofrecido durante las últimas décadas.

 

LEY, DEMOCRACIA Y ‘ACCOUNTABILITY

En tercer lugar, y ligado a la idea de unas instituciones nacionales antiguas, idiosincrásicas y de tradición ininterrumpida, hemos de discutir el sistema de gobernanza británico, y su encaje en Europa.

A diferencia del resto de Europa, Reino Unido se rige por su propio sistema legal, la ‘Common Law’. Aunque Escocia disfruta de un sistema más cercano al europeo, éste no deja de estar supeditado al sistema que prevalece en todo el país. Europa continental, por el contrario, sufrió la gran transformación social y política que supuso el Código Napoleónico a principios del siglo XIX. La diferente concepción sobre la procedencia y naturaleza de la ley explica diferentes sensibilidades ante su poder normativo y la autoridad pertinente para formular dicha ley.

Bajo el sistema europeo-napoleónico, la ley se impone a l pueblo desde arriba, por decisión del poder legislativo y bajo el mando del ejecutivo. En el Reino Unido la ley no se impone, o imponía, desde arriba, sino que era creada (y ésta es una sutiliza clave) en los tribunales. Los tribunales británicos ‘descubren’ la ley. Esto significa que los jueces, imparciales y reputados, deducen la solución legal aunque sea novedosa. Una gran parte de la ley británica viene de los tribunales, no del Parlamento; desde abajo, no de arriba.

Estándares regulatorios, reglas sobre disputas comerciales, el poder superior del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE)… ninguno de estos elementos casa cómodamente con la tradición de gobernanza británica. La Common Law es un ejemplo de ley aplicada sin necesidad del Parlamento, sino del pueblo, a través de jueces, abogados, fiscales, y particulares.

En cierto modo, esto hace pensar a muchos británicos que los regímenes regulatorios que imponen burócratas desde Bruselas escapan a un control democrático estricto, por no decir de difícil acomodo en su ordenamiento jurídico. La relación entre democracia y soberanía es aquí particularmente importante, lo que los angloparlantes llaman ‘accountability’, una mezcla entre el deber de dar explicaciones y la responsabilidad personal ante un hecho.

Por último, y en línea con esa flexibilidad democrática de su ordenamiento jurídico, una parte del pueblo británico entiende que ser gobernado por un tratado, o conjunto de tratados, no es sino ponerse en una situación de inamovilidad. Los parlamentos pueden adaptarse a circunstancias cambiantes, crear nuevas instituciones, iniciar conversaciones a nivel nacional. Los tratados no pueden. Estos precisan de ser renegociados por todas las partes, cuyas circunstancias e intereses difícilmente coinciden. Los tratados UE, para colmo, fueron firmados por gente que ya no vive, en un contexto que ya ha desaparecido.

¿Cómo va a ser la nueva relación?

Brexit deal

Aún queda por negociarse. Actualmente están sobre la mesa los siguientes escenarios:

EEE Ampliado:

Si Reino Unido continuara siendo miembro del Espacio Económico Europeo (EEE) tendría pleno acceso al mercado único de bienes y servicios, pero no en agricultura. Debería contribuir al presupuesto de la UE y aceptar la libertad de movimiento. La parte “ampliada” incluye otros beneficios de la membresía de la UE para el Reino Unido, como la participación en la orden de detención europea, que no forma parte del mercado único ni de los acuerdos del EEE. EEA Ampliado sería lo más similar posible a ser miembro de la UE.

EEE:  Membresía del EEE

Similar a la membresía de la UE en el ámbito económico, pero dado que Reino Unido tendría libertad para cerrar acuerdos comerciales con países fuera de la UE, se aplicarían regulaciones adicionales a las importaciones y exportaciones hacia y desde el bloque. La mayoría de los economistas piensan que la membresía EEE limitaría el daño de abandonar la UE, sin eliminarlo del todo. Aún habría supremacía del TJUE en muchos ámbitos.

EEE Reducido:

Rupert Harrison, ex jefe de personal de George Osborne, antiguo canciller del exchequer (ministro de economía), sostiene que “nos dirigimos hacia un resultado EEE Reducido : un poco más de control de inmigración y un poco menos de mercado común”. La mayoría de los economistas piensan que si el Reino Unido exigiera restricciones a la libertad de movimiento tendría dificultades para mantener el acceso al mercado único en el crucial sector servicios.

EEE Liechtenstein:

Los estatutos de asociación del EEE permiten a los miembros limitar de forma limitada la libre circulación de personas en las circunstancias de “graves dificultades económicas, sociales o ambientales”. Esto puede interesar al Reino Unido, pero es muy poco probable que el resto de la UE lo permitiera visto que Londres buscaría la membresía EEE sólo para imponer restricciones. Todos los miembros de la UE son también miembros del EEE.

Un Acuerdo de Asociación:

Significa que Reino Unido quedaría fuera de todos los beneficios del mercado común. Al parecer del agrado del ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, el acuerdo se limitaría a establecer aranceles y elementos de armonización regulatoria de bienes y servicios. Ésta es parte de la línea ‘dura’ que Alemania desea enfatizar para disuadir a terceros países de abandonar el bloque.

Comercio bajo las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC):

Esta sería la opción por defecto de no llegar las negociaciones a buen puerto. Éstas son las reglas que rigen, en ausencia de otros acuerdos preferenciales, entre todas las naciones de la tierra. Habría aranceles y medidas no arancelarias de protección. Es la medida más dañina. Tampoco está claro si Gran Bretaña podría adoptar las tarifas, cuotas y calendario de subsidios existentes de la UE con otros países. De lo contrario, tendría que negociar un nuevo acuerdo con otros 161 países.

De entre estos el modelo Canadá (acuerdo de asociación) parecía ser el más probable: un híbrido entre el acuerdo de asociación (se castiga la marcha del Reino Unido) y el escenario ‘EEE Reducido’ (intentaría moderar la exposición a los daños al comercio bilateral UE-Reino Unido). Ambos, no obstante, conllevarían la existencia de una frontera en algún punto, sea en suelo irlandés o en el Mar de Irlanda, partiendo el Reino Unido (recordemos que éste está formado por las islas de Gran Bretaña  y e Irlanda, en su parte norte, entre otras).

Actualmente se baraja un modelo que pueda casar con el EEE, y mantener el comercio en el sector servicios (que un acuerdo de asociación como el canadiense no contempla). Esto sería, por supuesto, la intención británica.

Pero, ¿aceptará la UE? He aquí la clave. Un resultado demasiado benigno para el Reino Unido podría fortalecer a otros países que también cuestionan su pertenencia a la UE. De ponerse dura Bruselas (o Berlín y París), de no fructificar la negociación conforme a intereses británicos, el UK podría enfrentarse a un escenario verdaderamente difícil.

 

¿Cómo está yendo la negociación del Brexit?

Al margen de valoraciones políticas, la forma más fácil de entender el desarrollo de todo el proceso es mediante el siguiente esquema temporal. Contrastemos pues objetivos y realizaciones.

Leyenda: () Completado (…) Negociándose () No empezado

Fase de negociación – ha de concluir antes de otoño de 2018

  • () Términos de la transición
  • (…) Términos de la separación
  • (…) Status de Irlanda del Norte
  • () Marco de relaciones futuras entre UK-UE

 

Por el momento, todo lo acordado se limita a los términos de la transición. Este periodo de gracia se extenderá hasta el 31 de diciembre de 2020. Este logro es significativo para Londres, pues le otorga la posibilidad de alterar su posición negociadora conforme avance el tiempo (y evolucionen la economía y política del país).

Por otro lado, el periodo de gracia permite a ambas partes decidir sobre importantes aspectos de la nueva relación bilateral mucho más adelante, con mayor margen de tiempo. No obstante, esto añade una gran incertidumbre a todo el proceso -algo que ninguna de las dos partes desea.

Una ‘factura’ de 45 mil millones de euros ha sido acordada para satisfacer las obligaciones per-existentes del Reino Unido al presupuesto general de la Unión Europea.

 

Fase de ratificación – ha de concluir antes del 29 de marzo de 2019

  • () Visto bueno del 72% de Estados Miembros de la UE
  • () Voto de consentimiento del Parlamento Europeo
  • () Parlamento Británico aprueba la ley que desvincula al Reino Unido de la UE
  • () Ambas partes confirman que Reino Unido seguirá siendo parte de 750 tratados internacionales ya suscritos

 

Antes de 2019 deben acordarse los términos en que el Reino Unido deja la UE, y que éstos reciban el voto favorable tanto del Parlamento Británico como del Parlamento Europeo. No obstante, aquí quedan importantes obstáculos por superar.

En primer lugar, el estatus de territorios clave respecto a la UE como Irlanda del Norte o Gibraltar. Nótese que España tiene poder de veto sobre todo el acuerdo final respecto al estatus de éste último territorio.

En segundo lugar, la aprobación final de una ley de separación (comúnmente llamado ‘el divorcio’) requiere de un fuerte apoyo político a la premier británica, algo que, sin la perspectiva de un marco futuro de relaciones con la UE, puede ser difícil de conseguir.

Sin saber cómo será la relación futura, es decir, entre qué dos escenarios de relación con la UE se está eligiendo, el parlamento debe emitir un voto final. Angela Merkel, partidaria de un Brexit ‘duro’ o doloroso para el Reino Unido se compromete a acordar una ‘declaración política’ sobre la relación futura, pero que carezca de validez jurídica y sea lo más abstracto posible.

 

Fase de transición – concluye el 31 de diciembre de 2020

  • () Empiezan oficialmente las negociaciones comerciales
  • (…) El Reino Unido busca reemplazar los 750 tratados de los que es parte
  • (…) Ambas partes elaboran nuevas leyes en inmigración, aranceles y sistemas regulatorios
  • () Acuerdo político sobre la nueva relación con la UE y aprobación del Parlamento Británico
  • () Elecciones europeas en mayo de 2019 (pueden alterar la negociación)

 

Durante la fase de transición se deberá definir de manera física y clara qué pasa con Irlanda del Norte o Gibraltar, aplicar lo decidido e instaurar las barreras pertinentes. Tiene que haber una frontera en alguna parte. De no haber acuerdo, la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda habrá de disponer de seguridad, elementos físicos de separación y control de transporte. Esto es un tema altamente sensible dado el contexto histórico y político de la región.

El Reino Unido deberá, además, buscar un sustituto, ya sea bilateral o multilateral, a esos 750 tratados de los que es parte en tanto que miembro de la UE.

Ambas partes tendrán tiempo para decidir cómo es la nueva relación de manera concreta, de cara implementar todo lo acordado antes del final de la ‘prórroga’ de los tratados europeos el 31 de diciembre de 2020.

 

“Más allá” o futura relación – de 2021 en adelante

  • () Aplicación provisional del nuevo acuerdo comercial
  • () Evaluación regulatoria para lograr equivalencia/reconocimiento mutuo de estándares
  • () Implementación de disposiciones de incorporación progresiva en la nueva relación
  • () Ratificación del acuerdo en más de 40 parlamentos nacionales y regionales
  • () Elecciones británicas antes del 5 de mayo de 2022

 

Con la entrada del 2021, las relaciones entre el Reino Unido y la UE se regirán meramente por lo acordado hasta ese momento. Esto no quita para que en el futuro, y sobre todo con las elecciones británicas en 2022, pueda haber modificaciones en la relación bilateral.

No obstante, aunque la nueva relación empieza a regir entre ambas partes desde el 1 de enero de 2021, esta aplicación del acuerdo será provisional. Los más de 40 parlamentos nacionales y regionales con poder de voto sobre el acuerdo deben aún dar el visto bueno. De no lograrse esto (caso improbable salvo grandes seísmos políticos) el Reino Unido se vería ante un escenario ciertamente hostil en sus relaciones con el resto de Europa.

Gabriel Coupeau

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